Aprender haciendo: la experiencia directa y la práctica real como principales motores del aprendizaje

Una conversación con Oriol Borrás, Almudena Macías y Raquel Garrido sobre cómo acercar la experiencia del aula a un entorno profesional.

“Acercar la experiencia del aula a un entorno profesional, porque en ocasiones nos quedamos en un entorno muy teórico" es, como señala Almudena Macías, el punto de partida de la buena práctica docente Aprendiendo desde la práctica real: formación en innovación educativa del futuro profesorado de Secundaria y Bachillerato, ganadora del primer Premio Docentes Innovadores 2024. Querían "que los estudiantes se enfrentasen a un reto en el que tenían que tomar decisiones, aplicar conocimientos, trabajar en equipo y entender la dimensión humana y organizativa que supone un proyecto de innovación educativa", añade.

Para conseguirlo, diseñaron una secuencia que simula la presentación a una convocatoria de proyectos de innovación educativa, basada en la propia convocatoria de la Universidad Rey Juan Carlos. "El hecho de meterles en una simulación de una convocatoria real de proyectos de innovación, les hacía sobre todo pensar qué objetivos querían cubrir, hacia dónde se querían dirigir y, sobre todo, qué es lo que querían conseguir en el aula, porque se trata también de conseguir mejoras futuras", explica Raquel Garrido. Así, los equipos eligen un contenido de su especialidad, formulan una propuesta viable, elaboran memoria y presupuesto y culminan en una gala‑concurso final en la que "tenían que demostrar que encima tenían ideas creativas".

Una experiencia transversal: cuatro especialidades, una cultura común de innovación

Otro aspecto destacable de esta experiencia de innovación, llevada a cabo en la asignatura Innovación educativa y TIC aplicadas a la enseñanza de la especialidad, del Máster Universitario en Formación del Profesorado de Enseñanza Secundaria, Bachillerato, FP y Enseñanza de Idioma, es que une las cuatro especialidades implicadas: Informática y Tecnología, Matemáticas, Administración de Empresas y Economía y Hostelería y Turismo. Esa transversalidad permitió a los estudiantes, en la presentación final de la gala ante el resto de compañeros, la comparación cruzada, con un claro efecto pedagógico.

Desde la perspectiva del diseño, la experiencia se despliega en tres fases. Una primera de introducción teórica a la innovación educativa, una segunda, en la que organizados por equipos de tres o cuatro estudiantes desarrollaron un proyecto de innovación educativa basado en una convocatoria real de la URJC, en la que los docentes, como indica Oriol Borrás, les fueron "ayudando un poco en el desarrollo de esas ideas, de ese diseño de su práctica, del proyecto" y, finalmente, una tercera fase, explica, "en formato concurso, en formato gala que lo llamábamos nosotros, en la que tenían que defender ese proyecto en 3 minutos y nosotros estábamos de tribunal y a través de una rúbrica les dábamos una calificación final y teníamos nuestros ganadores".

Qué se aprende cuando se aprende “haciendo”

La experiencia está orientada a comprobar competencias: planificar, consensuar y defender una innovación ante pares. Ese tránsito de la idea al proyecto deja varios resultados:

  • Confianza profesional, fruto de experimentar que pueden defender la práctica delante de sus compañeros y que les sale bien.
  • Trabajo en equipo y toma de decisiones. "Han aprendido a trabajar en equipo, a tomar decisiones, porque efectivamente tenían que ponerse de acuerdo entre todos, a resumir las ideas y también a esa parte de creatividad que nosotros pues enganchamos mucho con la idea de innovación", destaca Raquel Garrido. 
  • Cultura de innovación abierta: a partir de la primera edición detectaron que las propuestas se quedaban cerradas en el Aula Virtual, por lo que "les propusimos, animándoles también en una idea que íbamos trabajando durante la asignatura, como eran los recursos educativos en abierto, a publicar esos proyectos en algún tipo de formato digital", subraya Oriol Borrás.

En definitiva, explica Almudena Macías, "las ventajas están claras: generar una dinámica de aprendizaje mucho más rica y participativa, aumentar la motivación, mejorar la adquisición de competencias transversales y acercar el aula a la realidad profesional".

Más que un ejercicio puntual, esta experiencia normaliza que el futuro profesorado piense la innovación como proyecto realizable, con criterios, presupuesto, defensa pública y evaluación con rúbrica. Integra especialidades, activa metodologías activas y deja productos que pueden abrirse y circular fuera del aula.

¡Descubre más sobre esta práctica! Puedes acceder a Aprendiendo desde la práctica real: formación en innovación educativa del futuro profesorado de Secundaria y Bachillerato en el Banco de Buenas Prácticas de la URJC. Y te invitamos a escuchar los destacados de la entrevista con Oriol Borrás Gené, Almudena Macías Guillén y Raquel Garrido Abia en este vídeo:

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