¿Se gestiona la energía de un modo inteligente?

20 Marzo 2019 Por CIED

El crecimiento de la población mundial y el desarrollo industrial son solo algunos de los factores ligados a la creciente demanda energética a lo largo de los últimos siglos.

En la actualidad, esta demanda de energía se satisface principalmente a través del uso masivo y centralizado de energía basada en combustibles de naturaleza fósil como son el carbón, el petróleo o el gas natural. La suma de estos supone cerca de un 60% del total de los recursos energéticos de partida y su uso está directamente relacionado con el incremento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, lo que repercute directamente en un aumento de la temperatura media del planeta como consecuencia del ampliamente conocido efecto invernadero. A estos efectos ambientales negativos ligados al panorama energético actual se unen otros de tipo económico, social e incluso político provocados por diferentes factores asociados a la mala distribución de las fuentes de energía mayoritarias.

Disponer de procesos de obtención de energía de forma limpia y que aseguren un suministro continuo, satisfaciendo una demanda creciente de energía, es esencial para lograr un desarrollo sostenible de la humanidad. En la actualidad, existe un amplio abanico de alternativas al uso de combustibles de naturaleza fósil, incluyendo recursos hídricos (ríos y pantanos), eólicos, solares o geotérmicos, entre otros. En este contexto, también es necesario mencionar el uso de la energía nuclear, fuera del ciclo del carbono y, por consiguiente, carente de emisiones de dióxido de carbono. Sin embargo, la basada en procesos de fisión nuclear presenta el inconveniente de la generación de residuos radiactivos peligrosos con periodos de estabilización excesivamente prolongados, y los procesos de fusión fría aún no han podido ser desarrollados para este tipo de aplicaciones. Todas estas alternativas están centrando muchos de los esfuerzos de científicos y tecnólogos para el incremento de su implantación real.

Obviamente, lograr satisfacer la demanda energética mundial de forma sostenible es un complejo y costoso trabajo, que requiere de múltiples actuaciones, no solo en la búsqueda de nuevas fuentes de energía, sino también en cómo ésta se utiliza. Así, en una dimensión amplia, si se analiza el balance energético mundial a través de los datos publicados por la Agencia Internacional de la Energía (International Energy Agency, IEA) que se muestran en la Figura 1, es fácil detectar una diferencia notable entre la cantidad total de recursos energéticos que el mundo consume (19.269 millones de toneladas equivalentes de petróleo o Mtoe) y la energía que finalmente se aprovecha (apenas 9.558 Mtoe). Esto significa que, alrededor del 50% de la energía que se consume en el mundo, en forma de recurso energético, no llega a aprovecharse, perdiéndose por el camino debido a procesos de transformación (energía mecánica, eléctrica, etc…) o simplemente por perdidas en el transporte. Si a esto le unimos que en el destino final se pueden utilizar equipos poco eficientes, entonces el balance es todavía peor, llegando a perderse más del 65% de la energía de partida.

Teniendo en cuenta estos datos, parece obvio que el problema de satisfacer la enorme cantidad de energía que el mundo demanda no es una cuestión que pase sólo por encontrar nuevas fuentes limpias de energía, sino, quizás en mayor medida, por aprovechar más y mejor las formas de energía actualmente disponibles. Para ello, una primera línea de actuación sería lograr incrementar la eficiencia de los procesos, reducir las pérdidas, mejorando por tanto la eficiencia energética de toda la cadena. Esto incluye actuaciones de mejora en los procesos de producción, transporte, almacenamiento y uso, ya sea por el desarrollo de nuevas tecnologías, como por la mejora de las existentes. Por otro lado, el consumo de energía, de cada uno de nosotros en el destino final es un aspecto clave para incrementar la eficiencia global. Los datos mostrados en la Figura 1 indican que, por cada unidad de energía que se deja de consumir en el destino final (nuestras casas, lugares de trabajo, etc…) se ahorran tres unidades de energía en forma de recurso energético. De este modo, el ahorro de energía es mucho más que relevante cuando se considera el balance energético global, pudiendo llegar a afirmarse que se trata del principal recurso energético del que disponemos en la actualidad.

Diagrama Sankey de la energía [Fuente: https://www.iea.org/Sankey/]
Figura 1. Diagrama Sankey de la energía [Fuente: https://www.iea.org/Sankey/]

Si estás interesado en esta problemática, te animamos a unirte al MOOC Energía Inteligente para un Futuro Sostenible realizado por la Universidad Rey Juan Carlos, que te permitirá profundizar en cada uno de los aspectos mencionados con anterioridad. Así, se abordará el panorama energético actual, las principales energías renovables disponibles y su nivel de desarrollo tecnológico, algunos conceptos básicos de ahorro y eficiencia energética y se pondrá sobre la mesa el desarrollo de ciudades inteligentes y smart grids. De este modo podrás responder a la pregunta inicial sobre si en la actualidad se gestiona de forma inteligente la energía y adquirir una base sólida que te permita analizar de forma crítica diferentes aspectos relacionados con el sector energético presente y futuro.

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