Descifrando los estados financieros: una experiencia que activa el compromiso del alumnado

Una conversación con Javier Rodríguez Barea sobre cómo despertar el interés del alumnado y conseguir que quiera ir a clase

En un contexto universitario en constante transformación, donde la motivación del alumnado y la conexión con la realidad profesional se han convertido en elementos clave, surgen iniciativas docentes que marcan la diferencia. Este es el caso de la buena práctica docente Descifrando los Estados Financieros. Una aplicación práctica de las metodologías de aprendizaje activo, desarrollada por Javier Rodríguez Barea y Alicia Ferradás González.

Una propuesta que parte de una pregunta básica –¿qué aporta realmente la clase presencial?– y de una preocupación compartida por muchos docentes universitarios: cómo lograr que el estudiante se implique realmente en su aprendizaje. “Como a cualquier profesor lo que más nos preocupa es que el alumno esté comprometido [...] en un mundo como en el que vivimos es necesario aportar valor en lo que ocurre en clase”, afirma Rodríguez Barea. Este enfoque conecta directamente con las corrientes actuales de innovación educativa que sitúan al estudiante en el centro del proceso, promoviendo un aprendizaje significativo frente a la mera transmisión de contenidos.

Las claves del diseño metodológico

Uno de los aspectos más interesantes de esta práctica es su carácter integrador. No se trata de sustituir completamente la clase magistral, sino de encontrar un equilibrio eficaz entre metodologías. “Hemos hecho un mix bastante interesante aplicando metodologías de aprendizaje activo como aula invertida, gamificación y problem based learning –explica– hay que encontrar el mix entre la clase magistral y la aplicación de metodologías de aprendizaje activo”. Este planteamiento híbrido responde a lo que señala la literatura educativa: no existe una metodología única válida, sino que la clave está en la combinación estratégica según los objetivos de aprendizaje.

La práctica se articula, como se ha señalado, en torno a tres grandes pilares del aprendizaje activo: aula invertida, gamificación y aprendizaje basado en problemas (PBL). En cuanto al aula invertida (flipped classroom), desde el inicio del curso, el alumnado asume un rol activo, “contando con toda la documentación antes de que inicie el curso y lo que se le pide es que llegue a clase con la lección aprendida”. El componente lúdico se introduce mediante dinámicas de gamificación como el “viaje del héroe” y el concurso “analistas en acción”, donde el alumnado obtiene recompensas y privilegios, lo que no solo aumenta la motivación, sino que introduce elementos de reto, progresión y reconocimiento que refuerzan el compromiso. El tercer pilar, el aprendizaje basado en problemas, conecta directamente con la realidad profesional: “el alumno se enfrenta a situaciones que en principio no están no están cerradas, sino que están en la prensa e intentamos mejorar su pensamiento crítico y el acercamiento a problemas reales, no solo problemas de un libro”, subraya Rodríguez Barea. Así, el uso de casos reales permite trabajar competencias clave como el análisis, la toma de decisiones y la interpretación de información financiera en contextos auténticos.

De la teoría al compromiso

El efecto de este enfoque se percibe con claridad en quienes lo viven. Un estudiante reconoce el cambio que supone trabajar de esta forma frente al modelo tradicional: “me ha aportado el compromiso con la asignatura, el querer aprender, ya que al final si es muy teórico […] no te apetece estar en clase porque entre que no lo entiendes, son conceptos muy abstractos, no entiendes muy bien para qué sirve…”. La diferencia no está en la dificultad de los contenidos –que sigue siendo alta– sino en el tipo de implicación que generan.

Otro estudiante, por su parte, pone el foco en la dinámica del aula y en cómo cambia su relación con la asistencia: “el hecho de que vayamos a clase y que cada día tengamos una propuesta nueva de una nueva empresa que podamos analizar o que tengamos que ver y luego tengamos que debatir sobre ella, ayuda mucho al hecho de querer ir a clase, de querer aprender”. Ese “querer ir” no es anecdótico. Es el síntoma de que el aprendizaje ha dejado de ser pasivo.

En paralelo, la asignatura amplía su alcance. No se trata únicamente de entender estados financieros, sino de desarrollar competencias que van más allá de lo técnico. “Lo más importante es aprender a aprender […] pensamiento crítico, comunicación, habilidades blandas”, apunta Rodríguez Barea. La práctica, además, no se mantiene estática. A lo largo del curso se recoge la opinión del alumnado y se introducen ajustes, en un proceso abierto, en evolución constante. Y esa evolución afecta también a quien enseña. “Una vez te inoculan el virus del aprendizaje activo […] es muy difícil volver a la clase magistral”. La experiencia redefine las expectativas: sobre el alumnado, pero también sobre la propia docencia.

¡Conoce más sobre esta práctica! Puedes acceder a Descifrando los Estados Financieros. Una aplicación práctica de las metodologías de aprendizaje activo en el Banco de Buenas Prácticas de la URJC. Y te invitamos a escuchar los destacados de la entrevista con Javier Rodríguez Barea en este vídeo:

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